domingo, 1 de junio de 2014

Memorias de Los Pinos VI: El Fraude de Chihuahua 1986

Unos meses después, leí en el periódico, de la elección como candidato a gobernador de Chihuahua por el PAN de Francisco Barrio, entusiasmado por la decisión y lo que en mi opinión eso significaba en lucha por derrotar el PRI, sin pensarlo mucho (más bien nada), empaqué la poca ropa que tenía y me fui en un camión a Chihuahua, sabiendo que tenía otro (de mis 12) hermanos viviendo allá, pensaba pedir asilo en su casa (que generosamente me ofreció) y participar en la batalla electoral.

Cuando llegué a Chihuahua después de muchas horas de camión, el clima todavía no estaba tan caluroso, pero ya se presentía lo que venía. En ese momento, el PAN protestaba por los anuncios tácitos y explícitos que hacían el PRI y el gobierno estatal del fraude electoral, el PAN no ganaría de ninguna manera. En primer lugar, el año anterior (1985) el Presidente de la República (respetando profundamente el federalismo) había removido al gobernador Oscar Ornelas ya que este había reconocido los triunfos del PAN en las elecciones anteriores y no querían que eso volviera a suceder. 

En segundo lugar, el nuevo gobernador Saúl González Herrera, había promovido una reforma a la ley electoral del estado (contenida en un código Administrativo) que ponía en manos del PRI-gobierno el control del proceso electoral. La reforma aprobada por la mayoría oficial en el Congreso local, le daba el control al PRI de todo el proceso electoral, desde la comisión electoral del estado, pasando por los órganos electorales distritales y municipales, hasta las mesas de casilla, restringía la supervisión del proceso por parte de los partidos y abría la puerta a la falsificación de los resultados electorales.

Oscar Ornelas

Saúl González


Mi hermano (el de Chihuahua), tenía entonces una agencia de publicidad y comunicación en la capital de estado, un día, se presentó uno de los dirigentes de la campaña de Barrio, no recuerdo el nombre, pero trabaja en una empresa de jugos, donde se llevaban a cabo algunas reuniones de estrategia del PAN estatal y contrató a la empresa de mi hermano para hacer unos desplegados en los periódicos, que a través de caricaturas explicaran como las reformas electorales hacían profundamente inequitativo el proceso y anunciaban el fraude electoral que se cometería en el verano. La agencia, tenía un caricaturista muy bueno y en sus caricaturas se explicaba a la perfección lo que se venía, el PAN se opuso como pudo pero no hubo poder humano que mejorara esa legislación autoritaria.

El PAN estatal, ha diferencia de mi comité en el DF, se veía muy bien organizado, había dos oficinas, una enfrente de la otra, la primera era el Comité Estatal del PAN y la de enfrente era la casa de campaña, el asedio del gobierno federal a través de los clásicos agentes de Gobernación, del gobierno estatal y obviamente del PRI, obligaba a los miembros de campaña a actuar con mucha discreción (todo mundo se sentía espiado) y el acceso a la campaña del PAN era muy restringido. Como era natural, para mí, me presenté en el comité de campaña con el ofrecimiento de ayudar a la derrota del PRI, me recibió algún miembro menor de la campaña, yo quería participar en la estrategia, organizar brigadas o emitir documentos, sin embargo, esta persona me vio (y en parte creo que por mi apariencia medio desaliñada, no tenía dinero para comprarme ropa y tenía unos pantalones de mezclilla que ya se paraban solos)  y en parte porque era chilango (en esa época, había un sentimiento anti-chilango en Chihuahua, en parte porque había emigrado muchos paisanos míos a este estado después del terremoto de 1985. 

De vez en cuando se veían pintas en las calles que rezaban “haz patria, mata un chilango”, me dijo que estaba difícil participar en algo más que no fuera, repartiendo y pegando propaganda, participando en los mitines y ayudando en la defensa del voto, así el acceso para involucrarme más intensamente en la campaña estaba vedado. Sin embargo, repartí bastantes volantes, pegué muchas calcomanías en los coches y a toda la gente que conocía le recetaba oralmente toda mi propaganda proselitista, (más de uno ya me alucinaba), participé en los mítines y en la defensa del voto, vigilando casillas como observador y además serví de chofer para llevar en una “troca” que tenía mi hermano a toda la gente que quisiera ir a los mítines del PAN, ya que el gobierno del estado suspendía el transporte público esos días, para evitar que la gente asistiera en apoyo de Barrio, aún así siempre llenaba la Plaza de Armas.

La campaña fue muy interesante, Francisco Barrio era una magnifico candidato, su personalidad era muy carismática y su discurso contra el autoritarismo priísta era muy bien recibido, hablaba de cambio y la gente quería cambio, se oponía al centralismo priísta y la gente hacía lo mismo, incluso los periódicos (casi siempre oficialistas) no podían evitar la magia de Barrio. En las calles de Chihuahua, durante los altos en los semáforos, mucha gente tocaba de una forma especial el claxon, que significaba Barrio Si, Baeza No. Había un ambiente muy intenso, muy alegre, la gente se sentía unida en algo (ni siquiera en el 2000, tuve esa sensación de fraternidad entre la gente) y Barrio representaba ese catalizador de la esperanza del cambio.

Por su parte, el candidato del PRI, Fernando Baeza, era todo lo contrario, sin ningún carisma, con un tono de voz bastante chilango y muy gris, los mítines del PRI estaban llenos de acarreados y no despertaban el entusiasmo de nadie, daba la impresión de que los que apoyaban a Baeza eran gente que trabajaba en el gobierno o que tenían negocios con éste y temían perder sus empleos o contratos si se sabía que apoyaban al PAN, más de uno en privado lo hacía, pero en público se mantenían al margen. A nivel nacional, Jacobo Zabludovsky y en general televisa, inventaban calumnias increíbles sobre Barrio y no había una sola noticia que dijeran (si es que decían) que no llevara una mentira o una forma manipulada de decir las cosas.


La campaña fue muy intensa, me sentía (aunque fuera un poco marginal mi participación) como parte de un cambio social histórico, el PRI no tenía ninguna oportunidad de ganar y pese a todas las calumnias, la mayor parte de la gente rica, mediana y pobre, incluso los tarahumaras, tenían ya un freno mental contra las mentiras del PRI, ya no sabían como atacar a Barrio, lo acusaban de fascista, de que quería unir Chihuahua a Estados Unidos, de que lo apoyaba la CIA, etcétera, sin embargo, nadie les creía, la popularidad de Barrio crecía y el fenómeno de movimiento social, de un objetivo común a muchos Chihuahuenses crecía cada día. Sin embargo, los más realistas, contrastaban mi entusiasmo y me decían “el gobierno federal, nunca va a permitir que gane el PAN, les puede provocar un efecto dominó que haría caer al sistema”.

Mientras avanzaba la campaña, los medios de comunicación nacionales y de Estados Unidos, principalmente, tomaban más interés en el proceso electoral, en sus notas y reportajes se destacaba la fuerza del PAN y se apostaba por su triunfo, incluso se comparaba el asunto de Chihuahua con la caída del dictador filipino Ferdinando Marcos, que había ocurrido apenas unos meses atrás, después de un proceso electoral fraudulento.

Un noche, ya muy avanzada la campaña, se empezó a correr el rumor de que Barrio había muerto cuando el avión en el que viajaba se había desplomado, el rumor fue creciendo y de pronto muchos creímos (predispuestos como estábamos a que el PRI haría cualquier cosa por no perder) que era verdad. Me sentí completamente indignado, me acuerdo haber pensado (aunque fuera por un momento) que de ser cierto que Barrio había muerto, estaba cancelado el camino de las urnas y era la hora de tomar el camino de las armas. Sin embargo, más tarde, supimos que efectivamente, el avión de Barrio había tenido un accidente, él había salido ileso y al parecer no había sido un atentado del PRI. Todos sentimos un gran alivio aunque, la sospecha de atentado perduró en la mente de muchas personas, por más tiempo.

El PRI, más que hacer campaña, preparaba el fraude, se hacían acusaciones y se oían rumores por todas partes, en el sentido de que se estaban falsificando boletas electorales, se estaban “rasurando” del padrón electoral, todos los nombres de las personas identificadas con el PAN, se hablaba de un operativo para llevar gente a votar por el PRI de otros estados o de la zona rural y un gran etcétera. Finalmente, llegó el día del cierre de campaña se había convocado en la Plaza de Armas y estaba llena hasta reventar, nunca había visto un mitin tan grande y tan numeroso. La gente muy entusiasmada festejaba todo lo que Barrio y los otros líderes del PAN decían, entre ellos, yo mismo. En el mitin se habló de la posibilidad del fraude y se dijo que había que evitarlo, yendo a votar, cuidando las casillas y vigilando el voto, sin embargo, ya se sabía – aunque quizás no en toda su dimensión – que el fraude estaba preparado.

El día de las elecciones – no podía votar, porque no estaba inscrito en el padrón de Chihuahua – empezaron a saberse todas las formas de fraude, en primer lugar expulsaron a los representantes del PAN de las casillas, en algunos casos instalaron las casillas en lugares distintos de donde se habían anunciado, en otras las casillas estaban en casas de reconocidos priístas. Cuando llegó a votar la gente, las urnas estaban llenas de votos por el PRI y muchísimos ciudadanos habían sido eliminados del padrón, por lo que no pudieron votar. En las colonias populares una organización que se llamaba el Comité de Defensa Popular (CDP) dirigido por un líder llamado Rubén Aguilar, instrumentó el fraude en esas zonas, llevando gente a votar, expulsando representantes de casilla del PAN, rellenando urnas y un largo etcétera.

Para el medio día, todos sabíamos que había habido fraude, sin embargo, en algunas casillas la votación transcurría con cierta normalidad, aunque en pleno calor de verano chihuahuense, las colas eran muy grandes y muy lento el proceso de votar. Lo único que pude hacer es andar en coche con mi hermano viendo que pasaba en las casillas y escuchando los testimonios impotentes y llenos de ira de mucha gente. Como a las seis de la tarde, me fui a la casa de campaña de Barrio (que estaba casi enfrente del comité estatal) muy cerca del Parque Lerdo que luego sería el centro de la protesta contra el fraude. Obviamente no me dejaron entrar, pero afuera, en la calle, se empezó a juntar mucha gente como yo que quería saber que había pasado, como iban los resultados o en que podíamos ayudar. Las historias de fraude se multiplicaban, mientras los representantes de casilla del PAN (los que no habían expulsado) llegaban con sus copias de actas de escrutinio en las que, en casi todas, ganaba el PAN. La gente les preguntaba por el resultado y la cada vez mas grande multitud que estábamos ahí vitoreaba cada casilla que se ganaba y a los heroicos ciudadanos que habían aguantado todo tipo de presiones y se habían mantenido hasta el final en la casilla.

De pronto, salió alguien de la casa de campaña y pidió que se formaran brigadas para proteger casillas, donde apenas se estaban contando los votos y había sospechas de que el PRI quería hacer fraude. Inmediatamente me uní a una, iríamos a una casilla en la calles de Deza y Ulloa donde los representantes de PRI y funcionarios de casilla querían tachar por el PRI los votos que habían sobrado con la oposición de la representante del PAN. Llegamos todos a la casilla y después de enterarnos que estaba pasando, empezamos a reclamar que el conteo se hiciera adecuadamente y que las boletas sobrantes se cancelaran. Sin embargo, los del PRI no cedían, nosotros estábamos afuera y el conteo se hacía a puerta cerrada en esa casa, sin embargo, se podía ver lo que sucedía porque sólo nos separaba una tela de alambre. De pronto las protestas subieron de tono y momentos después llegó un carro del ejército con soldados que se bajaron rápidamente y costaron cartucho, sude frío, pero en lugar de salir corriendo me tomé de la mano con alguna persona que estaba junto a mí y me senté en la banqueta, como para impedir que pasaran los soldados, sentí el caños de su arma enfrente de mis ojos, el momento era bastante tenso, pero pensaba que esa era la forma de defender la casilla. Cuando la cosa estaba más tensa y los representantes del PRI insistían en rellenar más las urnas y los soldados habían cortado cartucho, llegó como del cielo, un camarógrafo y un reportero de alguna cadena estadounidense  - creo que era de la NBC – y prendió un candil muy potente para filmar a los soldados. Los soldados respondieron escondiéndose y ante las preguntas en mal español del reportero, le explicábamos lo que querían hacer los representantes del PRI. Los soldados evadían la cámara del reportero y le pedían que se fuera, pero este insistía en filmarlos, finalmente, los soldados se fueron en su camión, como llegaron.

Sintiéndose, desprotegidos, los priístas, accedieron a cancelar las boletas y a que la representante del PAN acompañara en su coche al Presidente de Casilla a entregar al paquete al  Comité Electoral respectivo, para que no alterara el paquete electoral en el camino, además seguimos al coche respaldando a nuestro representante, hasta que se entregó el paquete, regresamos a la casa de campaña y seguimos escuchando los resultados hasta muy tarde en la noche, me sentía, con la adrenalina en su punto más alto, una especie de brigadista por la libertad, no me preocupaba el riesgo, porque veía que muchísimas personas estaban como yo o incluso había sido mucho más arriesgadas, más bien me sentía muy solidario con todas ellas.

Al parecer a pesar del fraude habíamos ganado, porque caso todas los resultados que llegaban eran a nuestro favor, pensábamos que las declaraciones triunfalistas del PRI eran otra estrategia de fraude, pero que al final el triunfo prevalecería. Siendo muy tarde, después de ir a recoger representantes de casilla, en compañía de otros “brigadistas” en diferentes partes de la ciudad, me regresé a mi casa, mi hermano había estado recorriendo las calles y comentamos los incidentes del día, yo pensaba – idealismo juvenil – que pese a todo el triunfo prevalecería, él sabía que el PRI se había impuesto.

Fernando Baeza
El PRI y su candidato se declararon triunfadores, me uní junto con mi hermano y mucha gente a la resistencia civil, a los bloqueos de carreteras, a las manifestaciones que se hicieron, en la ciudad y sellé algunos billetes (los muy pocos que tenía) con la leyenda que repudiaba el fraude (que por cierto la habían diseñado en  la agencia de mi hermano), además de que me pasaba horas a un lado del kiosco del Parque Lerdo, donde Don Luís Alvarez se había declarado en huelga de hambre en protesta por el fraude. Me sentía tan indignado, tan enojado, los priístas y el Presidente de la Madrid, eran terriblemente cínicos en todas su declaraciones respecto del fraude en Chihuahua – había sido un fraude patriótico, decían, no podemos entregarle el poder a la reacción – y lo minimizaban lo más que podían, mi frustración e impotencia eran muy grandes, además no podía hacer gran cosa, excepto seguir, lo que los dirigentes del PAN nos decían.

De todas las protestas a las que asistí, hubo un mitin, otra vez en la Plaza de Armas, que se quedó gravado en mi memoria como paradigma de lo que puede hacer una sociedad con dignidad. Después de escuchar a los oradores y los testimonios de fraude y de las propuestas de resistencia civil, Barrio, pidió que todos los que estábamos ahí nos tomáramos de las manos, desde la Plaza de Armas hasta el Parque Lerdo, que está a unas cuadras arriba, donde Don Luis estaba en Huelga de Hambre, unos por una avenida y otros por otra formando un enorme círculo humano de gente tomada de la mano, hasta donde estaba Don Luis. Además pidió silencio absoluto para que él con un grupo de personas caminaran en silencio desde el templete hasta el kiosco. Así fue, el silencio era impresionante, había un poco de misticismo (no fanatismo) en el asunto, nadie hablaba y las pisadas de Barrio y su gente se oían en el silencio. Yo me fui detrás de ellos, llegamos al kiosco del Parque Lerdo y después de que saludaron a Don Luis concluyó el mitin. Nos fuimos caminando con toda la gente, con la que se sentía mucha hermandad y solidaridad, habíamos sido víctimas del mismo atropello. Recuerdo que de manera espontánea la gente empezó a cantar, parodiando una conocida canción:

Sacaremos a Baeza de Chihuahua,
Sacaremos a Baeza de Chihuahua
Sacaremos a Baeza de Chihuahua
De Chihuahua sacaremos a ese güey

Muchas cosas más pasaron ese verano, había un debate sobre la pertinencia y las repercusiones del ayuno de Don Luís Álvarez, los obispos de Chihuahua, intentaron suspender los cultos en protesta por el fraude, un grupo de intelectuales se manifestaron por anular las elecciones, Heberto Castillo fue a convencerlo de que diera su vida en abonos para luchar por la democracia e incluso se decían que el candidato del PRI Fernando Baeza, estaba deprimido y en terapia, además de que no estaba en Chihuahua.



Cuando se cumplieron los 40 días de huelga de hambre, se dijo que a partir de ese día, los daños causados por el ayuno a Don Luís serían irreversibles, que moriría irremediablemente, muchos años después platicando con Don Luís de esos días, me dijo que en realidad eran 43, porque la huelga la había empezado tres días antes en su casa, “para ver si podía” “no fuera yo a hacer el ridículo”.  En la noche del día, 43, con mi hermano fuimos a entrevistarlo, estaba muy débil y había poca gente alrededor del kiosco, Don Luís estaba muy débil así que pidieron una entrevista muy breve, desgraciadamente esa grabación se perdió, pero recuerdo (y lo confirmé con mi hermano) que Don Luis nos dijo, “esta es sólo una parte de la lucha para cambiar la situación que vive México y tarde o temprano y yo creo que más temprano que tarde, las cosas van a cambiar”. Después le preguntó si no temía por su muerte y Don Luis nos dijo que no y nos adelantó, “mi ayuno ya terminó”.

En efecto, al otro día Don Luis concluyó el ayuno y después de su recuperación volvió a presidir el ayuntamiento de Chihuahua y a la lucha política. Por mi parte, nuevamente me frustraba el hecho de que Baeza, Bartlett y sus secuaces priístas se hubieran impuesto como viles porros, a la fuerza. Sin embargo, Don Luis me había inspirado y me sentía optimista de que “mas temprano que tarde, esto cambiaría”.

Por su parte, el Presidente De la Madrid, había ido a Chihuahua apenas por unas horas para presenciar la toma de posesión de Baeza en el interior de un gimnasio, despreciado por los chihuahuenses, en un evento lleno de acarreados, donde más que una toma de posesión parecía una reunión donde los ladrones festejaban el botín. El fraude no fue patriótico, fue un vil y criminal fraude, para vergüenza de quienes lo cometieron. Es difícil especular, pero si el sistema hubiese reconocido el triunfo de Barrio, es posible que la transición a la democracia y posiblemente la economía de México hubiera transitado por caminos más pavimentados y una generación completa de mexicanos no se hubiera perdido. Pero De la Madrid, Bartlet y Baeza eran unos enanos para un país que, en ese momento, tenía el espíritu para aspirar a la grandeza. Fue interesante e intenso, pero triste.


Poco a poco el movimiento se fue diluyendo, la gente debía trabajar y ganar su sustento y (luego supe) la dirigencia del PAN influyó para que la resistencia civil no continuara. ¿Qué seguía para mí? Durante ese verano había cumplido 20 años y además de perseguir mi sueño de derrocar al PRI y hacer un país más justiciero, no había pisado las aulas de clase en más de dos años. Después de hacer una profunda reflexión sobre lo que quería hacer más adelante en mi vida y de procesar lo que había vivido en Chihuahua, me regresé a México en diciembre de 1986 para pasar la navidad con mi familia en la casa de San Jerónimo Lídice, iniciar mis estudios y obtener algún empleo.

sábado, 31 de mayo de 2014

Memorias de Los Pinos V: 1985, PRI: Hora Cumplida

En 1985, a los 19 años, los jóvenes de esa época vivíamos una situación que ofrecía pocas perspectivas para el futuro. Había una crisis económica muy grave, por un lado el gobierno y muchas empresas estaban altamente endeudados, básicamente en dólares y el servicio de esa deuda restringía el gasto del gobierno en bienes públicos y había provocado la quiebra de muchísimas empresas y negocios. Paradójicamente, el gobierno se seguía endeudando a un ritmo tan o más alto que el de las administraciones anteriores, para poder pagar sus deudas, de tal manera que la inversión y el gasto público estaban muy restringidos, por lo que la economía estaba parada en la época de mayor crecimiento demográfico de la historia de México y el desempleo y el subempleo constituían el único horizonte posible de una buena parte de los jóvenes de mi generación.

Por otro lado, los peores vicios del sistema priísta se hacían cada vez más evidentes, más burdos y más cínicos. Tres asuntos me llamaron la atención profundamente en esa época. En primer lugar el descubrimiento en 1984 del Rancho Búfalo, en el desierto de Chihuahua, donde miles de campesinos  trabajando como esclavos, cultivaban marihuana, con sistemas de riego y fertilizantes con la protección de policías, militares y funcionarios. Después de una denuncia de un agente de la DEA, el gobierno aseguró el rancho, el escándalo fue muy grande ¿cómo es que nadie se había dado cuenta de la existencia de un rancho de ese tamaño, tan próspero y con tanta gente trabajando ahí? ¿Cómo es que nadie se percató del transporte de miles de toneladas de marihuana afuera del rancho? El asunto era bastante ridículo y el gobierno a través de la televisión trataba como subnormales a los mexicanos, era absolutamente imposible que nadie se hubiera percatado, después se supo que muchos estaban perfectamente enterados y otros involucrados en el asunto.

Este aseguramiento, provocó también, la caída del narcotraficante Caro Quintero, el homicidio del agente de la DEA, que provocó el aseguramiento, Enrique Camarena y un grave problema diplomático con Estados Unidos que cerró la frontera con México. Pero quizás lo más interesante del asunto fue el descubrimiento, para muchos jóvenes desempleados o con pocas perspectivas económicas, de la increíble riqueza de los narcotraficantes, de la impunidad en la que vivían y de las estrechas relaciones que tenían con políticos y funcionarios. Yo tuve la impresión, por primera vez, de que el narcotráfico de haber sido un negocio paraestatal, ahora estaba fuera de control y los funcionarios del gobierno que sinceramente querían combatirlo estaban desarmados y podían hacer muy poco para someterlo.



En segundo lugar, me impactó el homicidio del periodista Manuel Buendía que, luego se supo fue ordenado por el jefe de la Dirección Federal de Seguridad (una policía ilegal que tenía el gobierno), misma que el Secretario de Gobernación controlaba directamente y que después del descubrimiento de su responsabilidad la desaparecieron, ¿cómo era posible que el gobierno estuviera involucrado en semejantes crímenes? ¿En que clase de selva estábamos viviendo que la policía era el lugar donde se formaban los principales delincuentes? ¿Por qué el responsable político de esa policía seguía tan campante y además aspiraba a la Presidencia de la República?

En tercer lugar, me entusiasmó la lectura de un artículo de Octavio Paz, titulado “Hora Cumplida”, en él consideraba, entre otras cosas,  que el PRI, como sistema – no como partido – ya había cumplido su cometido, según Paz, el “Ogro Filantrópico” había permitido paz y cierto desarrollo a México, pero era hora de que se abriera el sistema a la democracia liberal y al pluripartidismo. Yo no podía estar más complacido, me reafirmaba que este era el camino correcto y que la derrota del PRI era posible.

No obstante, lo moderado aunque certero de su crítica, el PRI reaccionó agresivo y violento, contra la crítica de Paz y de los otros intelectuales que escribieron en ese número de Vuelta, Gabriel Said y Enrique Krauze, recuerdo algunas histéricas (no históricas) peroratas de un político priísta Adolfo Lugo Verduzco que acusaba – en un discurso en Morelia - de reaccionarios y casi traidores a la patria a todos los que no apoyaran al PRI y a su sistema. Por mi parte, me sentía muy optimista, todo parecía ir dirigido a una transición democrática gradual, por la vía del legislativo y la apertura que había tenido el PRI en las elecciones municipales de Chihuahua, Durango, Guanajuato, Sonora, Nuevo León y otros lugares fundamentaban racionalmente nuestro optimismo.

Me presenté a mi comité distrital (en esa época el distrito 38) el cual era dirigido por un viejo militante panista, Don Tomás Carmona, quien siendo obrero se había unido al PAN y había participado en el primer debate político televisado contra un candidato del PRI. Para mi sorpresa, fue muy amable conmigo y muy abierto, me abrió las puertas del partido, me presentó con los 20 o 30 militantes que había entonces y me citó para el próximo sábado, en que haríamos campaña por nuestro candidato a diputado Jesús González Schmall, (que después de ser un importante líder panista, se salió del PAN) el cual competía contra el priísta Sócrates Rizo, que después sería gobernador de Nuevo León.

Excitado, por el inicio de mi participación política, preparé un discurso en el que planteaba las razones por las que me parecía que la prioridad era derrocar el monopolio priísta del poder, estaba en la misma línea discursiva de los líderes del PAN, cuyo lema para esas elecciones era “Por una nueva mayoría” ya que esperaban ganar al menos 70 diputados de mayoría y las gubernaturas de Sonora con Adalberto Rosas y Nuevo León con Fernando Canales, también le escribí una larga carta al candidato del PAN en Nuevo León dándole algunas ideas para su Plan de Gobierno, esperando que además de ganar tuviera un plan contra la corrupción y la injusticia, pero nunca supe si le llegó la carta, mucho menos si la leyó.

Pensaba que ese sábado, haciendo campaña por el PAN y con mi discurso causaría buena impresión y podría desarrollar un liderazgo que me permitiera llevar mis ideas adelante. Sin embargo, llegó el sábado, me presenté temprano en el comité y para mi sorpresa, hacer campaña, no era ir a un mitin y decir discursos, sino que con otros compañeros, tomamos pintura, blanca y azul y fuimos por la lateral del periférico del DF, pintando postes con las siglas del PAN con mala caligrafía. Discretamente, arrugué el papel donde estaba mi discurso y lo tiré en el bote de basura del comité. Militar en el PAN en esa época era muy diferente a como es hoy, no había dinero, ni empleos que ofrecer a los militantes, éramos pocas personas, aunque muy entusiastas y las campañas se limitaban a hacer algunas pintas de bardas, algunos recorridos con el candidato, una que otra visita domiciliaria y quizás uno o dos eventos al final de la campaña, todo pagado por el propio candidato. Bajo esta premisa, la verdadera lucha en el PAN era por las candidaturas plurinominales, cuyos primeros lugares de la lista eran diputaciones seguras, así González Schmall era al mismo tiempo candidato de mayoría por el 38 distrito y uno de los primeros lugares en la lista plurinominal (sería el coordinador de la bancada) por lo que de cualquier manera ganaría.

Aunque no era lo que yo esperaba, mi primera campaña como activista del PAN, me gustó mucho, me di cuenta del poderío del PRI y del apoyo que tenía del gobierno, de las limitaciones de PAN, pero también de la lucha interna (quizás mezquina) que había en el propio PAN por los escasos espacios de poder que ofrecía, seguía sintiendo, sin embargo, que mis compañeros panístas eran un poco frívolos ante los temas de pobreza y de justicia, la preocupación fundamental era ganar espacios y evitar el fraude electoral.

El día de las elecciones voté por primera vez en mi vida en una casilla completamente vacía (las credenciales de elector eran rosas, pero ya no eran de papel sino plásticas y no tenían fotografía), después regresé a mi casa me encontré a un querido amigo mío y le pregunté por quien había votado, me respondió que por el PRI, sin pensarlo mucho le dije:

- ¿Para qué votas por el PRI si siempre gana?
-Tú por quien votaste, me preguntó
- Por el PAN, respondí
- ¡Pero si gana el PAN es la dictadura de la derecha!

Se me hizo tan espectacularmente absurdo el argumento que me quedé sin palabras y argumenté que tenía un desayuno familiar y me tenía que ir. Unos años después, esta persona sería un luchador muy comprometido por la democracia y un amigo entrañable. Cada vez que le recuerdo la anécdota lo niega, fingiendo amnesia permanente.

En cierta forma las elecciones de 1985, fueron una pequeña decepción para mí, el PAN no obtuvo la nueva mayoría que se había propuesto, aunque ganó algunos distritos de mayoría en el norte y centro del país, (nosotros en el DF no ganamos) sin embargo, en el 7° distrito de Chihuahua, capital se había cometido un fraude electoral muy grande contra el PAN, que incluso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, (sería el preludio de lo que pasaría el siguiente año en las elecciones para gobernador) y perdió debido a un gran fraude electoral, las gubernaturas de Sonora y Nuevo León, donde incluso la policía reprimió la protesta panista, cuando el gobernador espurio Jorge Treviño tomó posesión unos meses después.


José Angel Conchello
Durante esa legislatura, tuve la oportunidad de ir muchas veces a la cámara de diputados, me parecía una legislatura muy interesante, me sentaba en una curul y presenciaba los debates como si fuera otro miembro de la legislatura, un diputado del PAN, el noble Juan Bernal Alcocer, me ayuda a colarme en el salón de sesiones y me protegía de las constantes amenazas de expulsión de los ujieres de la cámara y de otros diputados panistas que no me querían ahí. A pesar de las batallas parlamentarias que presencié, era muy notorio que el Congreso tenía muy poco poder, por el PAN José Ángel Conchello, Juan de Dios Castro en primer lugar y Ricardo García Cervantes, Gabriel Jiménez Remus y Jesús González Schmall en segundo eran muy aguerridos y batallaban con las imposiciones del PRI, por el PSUM y el PMT, Jorge Alcocer, Arnoldo Martínez Verdugo, Demetrio Vallejo (que tenía una vocecita de niño)  Pablo Pascual Moncayo, Heberto Castillo, José Luís Díaz Moll y por el PRT, Rosario Ibarra y Pedro Peñaloza de los que me acuerdo haber visto subir a la tribuna, evidenciaban con claridad y en ocasiones con desesperación como se imponía la aplanadora del PRI, aunque en muchas ocasiones la oposición ganaba los debates.



En el PRI también había gente muy inteligente y muchos diputados de esa legislatura llegarían a ser políticos muy encumbrados, entre otros Luís Donaldo Colosio, pero demasiado disciplina a las órdenes del Presidente transmitidas por el pastor, que era el líder de su bancada, no había ningún contrapeso real al ejecutivo. Fernando Ortiz Arana, Santiago Oñate y Diego Valades, eran muy buenos para debatir (Blas Chumacero, un viejo líder sindical sólo observaba los debates con cierto desdén y cara de enojado, como sabiendo que más allá del debate estaba la fuerza de la CTM), sin embargo, al final de las discusiones, sin importar los argumentos, todos volteaban a ver a Nicolás Reynez, que era el líder de la bancada y recibía instrucciones directas de Gobernación y votaban en el sentido que se les decía, en ocasiones incluso en violación flagrantes de algunos artículos constitucionales. Recuerdo como Jorge Alcocer se desgañitaba de vez en cuando, señalando que lo que mandaba la  Constitución no se votaba, pero al fin se votaba y ganaba el PRI.

Cuando estaba ahí, me parecía tan evidente, que la corrupción del PRI se basaba en la falta total de contrapesos, cualquier cosa que se denunciara, cualquier crítica al Presidente o a un funcionario, se apagaba acrítica y fulminantemente desde la bancada del PRI, ¿cómo no se iban a sentir impunes?, si estaban bien con el sistema eran básicamente intocables, en la cámara se veía con mucha claridad como funcionaba el sistema priísta. Además de ver los debates y soñar con ser diputado alguna vez, el PRI, a pesar de la crisis económica y de seguridad que vivía el país se veía muy sólido desde San Lázaro y me frustraba mucho tener que esperar tres años para otro proceso electoral donde se pudiera derrotar al PRI.

Me equivocaba, había una nueva oportunidad de darle un fuerte golpe al sistema, el siguiente año 1986 habría elecciones para gobernador, congreso local y ayuntamientos en Chihuahua, donde el PAN tenía una excelente oportunidad de ganar, también habría elecciones en Durango y Sinaloa donde Manuel Clouthier, el famoso “Maquío” sería el candidato. Algunos medios de comunicación (los que tenían algo de independencia) hacían reseñas de la fuerza que el PAN estaba tomando en Chihuahua y otros como el Excélsior, publicaban caricaturas en las que se ilustraba como si ganaba el PAN en Chihuahua, se separaría de México y se uniría a Estados Unidos.

Una mañana, me desperté tarde, el día anterior había regresado de un viaje a Morelia por asuntos de trabajo (para ganar dinero intentaría exportar escobas de una fábrica Moreliana cuyo dueño era Salvador López “Chavo” quien años más tarde sería Alcalde de Morelia), me extrañó mucho ver una figura de un cristo que había en mi casa, muy pesado, volteado de cabeza, en eso sonó el teléfono, era mi hermana preguntándome como me había ido de temblor. Inmediatamente cuestioné, - ¿Cuál temblor? Estaba tan dormido que no había sentido nada, pero la Ciudad de México había sido sacudida por un fuerte terremoto. Dos primos míos fueron aplastados por el peso de su edificio y sólo después de escarbar en los escombros aparecieron sus cadáveres, mis tíos (sus padres) vivían en Aguascalientes y ha falta de comunicaciones telefónicas mi tío le informó a su esposa de la muerte de sus hijos por la televisión, también así nos enteramos nosotros. Como es sabido la solidaridad y la auto organización de la gente para ayudar en el rescate fue muy grande, de ahí se organizaron muchos grupos ciudadanos en defensa de sus derechos, no tengo ni que decir la lamentable actuación del gobierno y su Presidente, además de la torpeza de su reacción a la tragedia, intentaron disminuir las dimensiones del costo humano y material de la tragedia, mucha de la ayuda internacional no llegó a quienes más lo necesitaban y aprovecharon para echarle la culpa de la crisis al terremoto…




viernes, 30 de mayo de 2014

Memorias de Los Pinos IV: ¿A qué partido me afilio?

Los años del sexenio de Miguel de la Madrid, fueron muy difíciles para mi y para mi familia, básicamente por razones económicas, provocadas por los gobiernos priístas, a mis ojos, cualquier cosa que hacia Miguel de la Madrid me parecían tímidas e hipócritas, en el fondo – según yo- sólo quería rescatar al sistema, me sentía sin esperanzas y, a punto de salir de la preparatoria, el futuro de mi generación no se veían entonces, muy promisorio.

Sin embargo, un día cayeron en mis manos, como una pequeña y tenue luz de esperanza, algunos números atrasados de la revista Proceso, que, relataban como el PAN había ganado unas elecciones importantes en Chihuahua y en Sonora, el PDM otras en Guanajuato y una coalición del Partido Socialista PSUM y la COCEI (Coalición Obrera, Campesino, Estudiantil del Istmo) en Juchitán, Oaxaca, leí con pasión las entrevistas a diputados del PAN del PSUM y del PDM que narraban su batallas parlamentarias y los esfuerzos por construir un México mas justo.
 
Me sentía eufórico y pasaba de la desesperanza del gobierno de De la Madrid,  a la esperanza de la participación política. Quería volverme un activista, en realidad no me importaba mucho si ganaba el PAN, el PDM o el PSUM, lo que yo quería era que el PRI perdiera y que desapareciera ese monopolio, sentía que poco a poco el sistema político cambiaría si otros partidos accedían a espacios de poder aunque fueran pequeños y el municipio parecían ser el campo de batalla.

Quería saber más y quería participar en esa lucha, por mi cabeza empezaron a surgir ideas, que tal si el PAN, el PDM y el PSUM se unen contra el PRI y hacen un frente común, que pasa si todos salimos a la calle y exigimos el fin del PRI. O si me voy a Chihuahua o a Oaxaca para ayudar en la lucha por la democracia. En esa época, sin Internet, estuve buscando las direcciones o los teléfonos de los partidos políticos de oposición, me urgía participar, recuerdo que el PRI tenía muchísimos y el resto apenas uno que otro o no estaban en el directorio. Llame al PSUM, pero nadie me contestó, llame al PAN, pero una señorita se portó grosera conmigo y tuve que colgar, llame al PDM y tampoco contestó nadie. Busque las direcciones y salí de mi casa, no podía pasar otro día sin que yo estuviera involucrado en la lucha contra el PRI, había oído el término democracia pero, para mí, el término sólo significaba elecciones sin fraude electoral, no entendía bien que eran las ideologías y me movía el sentido práctico de derrotar al PRI, que yo pensaba era la causa de todos los males del país.

Salí de mi casa, tomé uno de esos camiones “delfín” que había entonces en la Ciudad de México y me dirigí al PAN, cuyas oficinas estaban en la Colonia del Valle, para mi sorpresa aquello se veía muy desoldado, entre a la casa de la calle de Ángel Urraza y no había nadie, de pronto salió una persona que me miró con cara de ¡has de ser un espía de Gobernación! Apenas tenía 17 años, pero la sensación de no ser bienvenido me inhibió, me preguntó que quería y sólo atine a decir que me había equivocado de oficina y me salí. Sude frío, tenía tantas ganas de participar en la derrota del PRI, que no sabía como canalizar tanta energía, me frustró que en el PAN no me hubieran recibido con los brazos abiertos y con fanfarrias, después de todo no tenían mucha gente y yo venía a sumarme a la lucha, pero el “modito” me apenó y no me afilié al PAN en ese momento.

Me fui caminando a la Avenida Insurgentes, envuelto en mis pensamientos y con la sensación de frustración, tomé un camión y me fui al Monumento a la Revolución donde había leído que estaban las oficinas del PDM, en efecto, llegué, más preparado que en el PAN, y también estaban desoladas, sólo había un viejito canoso que hablaba con una voz muy baja y como triste. Le platique mis intenciones y muy amablemente, me dijo que estaba bien y me invitó a un evento que iban a tener unos días más adelante, ahí me presentaría a alguien que me afiliaría y me daría alguna tarea que hacer.

Me sentí un poco decepcionado, yo traía mucha energía, y ese viejito se veía débil y sin mucho entusiasmo, le quise platicar mi euforia por derrotar al PRI, pero me vio con cierta condescendencia y me invitó que fuera a ese evento sin prestar mucha atención a lo que le decía. Salí un poco desanimado, comenzó a llover, no tenía dinero para el camión, por lo que tuve que pedir dinero a algún transeúnte para mi pasaje y todo mojado y un poco decepcionado regrese a mi casa.

Aunque mi primera experiencia partidista no había sido muy buena, seguía entusiasmado, me faltaba ir a las oficinas del PSUM, pero tenían algunas dudas sobre el socialismo. Mi abuelo había sido fundador del PAN y aunque no militó por mucho tiempo porque lo nombraron Ministro de la Suprema Corte, siempre quedó en el recuerdo familiar su participación panista. Por otro lado, viniendo de una familia profundamente católica, el materialismo dialéctico y la lucha de clases me generaban ciertas dudas, aunque el PSUM ya había renunciado a la dictadura del proletariado (aunque no sabía muy bien que era ninguna de las tres cosas).

Para quitarme de dudas, tome unos libros de Ríus, que eran explicaciones en forma de “comic” de diferentes temas, de la biblioteca de mi papá, sobre Marx, sobre Lenin, sobre la Revolución Cubana, sobre Jesucristo, recuerdo que había varios de diferentes temas. No puedo decir que los leí, más bien me los bebí, sonaba tan interesante, tan idealista y tan bien fundamentado científicamente, además de que la música y la letra de La Internacional me gustaban muchísimo, sobre todo esa parte que decía (por lo menos así lo recuerdo):

El día que el triunfo alcancemos
Ni esclavos ni dueños habrá
La tierra será un paraíso
Patria de la humanidad

Casi me convencieron, sin embargo, había algo que no me terminaba de convencer, por un lado, detestando como yo detestaba al gobierno, no me gustaba la idea de que el programa del socialismo se pareciera (al menos en mi reflexión) al de López Portillo, porque querían estatizar muchas empresas, yo había visto con cierta cercanía la corrupción del gobierno y pensaba que a mayor gobierno, mayor corrupción, nunca me convenció el estatismo. La segunda cosa que no me cuadraba, era su adoración por la Revolución Cubana, para mí, Fidel Castro era un dictador (como el PRI lo era) y no existía la libertad de oponerte a Castro, al contrario, yo quería un país donde la vida política fuera plural y nadie concentrara el poder como lo hacía el PRI. No obstante, me llamaban mucho la atención sus líderes en el Congreso, como Rolando Cordera y Arnaldo Córdova, que destacaban sobre los demás diputados de esa legislatura.

Finalmente, me tenía que decidir, tenía muchas ganas de participar en la política para derrotar al PRI y hacer que México renaciera de sus cenizas, pero llevaba mucho tiempo dándole vueltas al asunto y la verdad es que ningún partido me convencía realmente. Evidentemente el PRI, estaba descartado, el PDM me había parecido un partido de viejitos con algunas ideas interesantes, pero me asustaba que tuviera organizaciones secretas y era demasiado religioso, para mí la religión era importante, pero creía en el paradigma cristiano de “al cesar lo que es del cesar y a dios lo que es de dios” no detestaba a Juárez como los sinarquistas y tampoco era tan católico, no era para mí.
 
Sólo me quedaban el PSUM y el PAN (sabía que existía el PMT pero no tenía ninguna referencia así que no estaba en mi lista), me gustaba el PAN, en muchos sentidos, parecía más abierto que los demás, reclutaba líderes de la sociedad civil, sin que fueran, necesariamente muy conocedores de su doctrina (por lo demás muy similar a la del PDM), muchos profesionistas de clase media militaban en el PAN, muchos empresarios inconformes con la política del régimen (especialmente con la nacionalización de la banca) utilizaban al PAN como plataforma para abrir el régimen (entre ellos Clouthier y Fox), el PAN era un lugar donde convergían diferentes grupos sociales, más allá de cuestiones doctrinarias para luchar por el fin común de abrir el sistema y derrotar al PRI, por si fuera poco, era el más fuerte y parecía el más viable para ganar una elección que derrotara al sistema.

Por otro lado, el PAN me parecía un poco frívolo en cuanto su preocupación por la injusticia y la corrupción, estaban muy preocupados (como yo) por ganar elecciones y ganarle espacios al PRI, pero una vez en el poder, sus administraciones eran mediocres y con una mentalidad muy de derecha, veían el combate a la pobreza como una obra de caridad y no como un imperativo de justicia, eran modernizadores, pero nada o muy poco justicieros (lo siguen siendo), la mayoría de ellos (aunque no todos) venían de la clase alta y media alta y su lucha era más por ganar más espacios de poder, que para hacer más justicia.

Por el contrario, del PSUM, me gustaba mucho su preocupación social, les importaba la justicia y eso me agradaba, el PSUM había renunciado a la dictadura del proletariado y habían aceptado la democracia, sin embargo, como dije antes seguían siendo muy estatistas y no me cuadraba su adoración a la dictadura de Castro, a pesar de los bueno que hubiera hecho (como otros dictadores habían hecho cosas buenas también), porque para ese momento ya me había dado cuenta de que lo que me molestaba del sistema priísta era que no me sentía en un país libre, me di cuenta que la libertad, era el valor político más importante para mí y no entendía (ni lo entiendo ahora) porque vinculaban empresas del estado con mayor justicia social, si era el lugar donde más corrupción había y porque apoyaban a Castro, si en Cuba no había democracia y según yo (ahí me equivoque) todos queríamos derrocar al PRI para que hubiera libertad y democracia. Para mí las propuestas ideológicas eran un poco abstractas y de pronto intolerantes y autoritarias, lo importante era liberarnos del autoritarismo y la falta de libertad que había por las imposiciones del PRI.

Seguía dándoles vueltas al asunto, me gustaban unas cosas del PAN y otras del PSUM y a veces soñaba con fundar un partido político a mi gusto, pero me parecía una locura. Necesitaba decidirme cuanto antes porque las elecciones de 1985 (primeras en las que votaría) estaban ya cercanas y no quería que me tocaran sin tener una trinchera donde pelear. Acaba de leer un libro de Octavio Paz, Tiempo Nublado, que me había confirmado que la libertad es el bien político más importante (ahora se que libertad y justicia son inseparables) pero también me había profundizado mis dudas sobre mi participación política, ningún partido se ajustaba exactamente a lo que yo creía.

Sin embargo, no tuve que esperar mucho más, llego a mis manos, un montón de ejemplares atrasados del periódico El País de Madrid, que me regaló un tío, a él le habían llegado como una promoción y los había guardado, pero los iba a tirar así que me les regaló. En esos ejemplares, se narraba entre muchas cosas, muchos noticias sobre el gobierno socialista de Felipe Gonzáles, los cambios que estaba haciendo, su lucha por entrar a la entonces Comunidad Económica Europea y la condición que le habían puesto de ingresar a la OTAN, si quería ser miembro de Europa, cosa contraria a su programa electoral, unos años después convocaría a un referéndum y España aprobó el ingreso a la OTAN, para ingresar a la CCE.

Me gustó muchísimo el PSOE y lo que estaba haciendo Felipe Gonzáles en España, así que me imagine al PSUM, transformándose en un PSOE mexicano, modernizando México y creando lo que hoy llamaríamos un Estado Social de Derecho, moderando el estatísmo y buscando una solución a mi “cuestión cubana”.

Sin embargo, aunque yo no lo sabía el PSUM nunca sería el PSOE, las personas que conocí de ese partido eran muy dogmáticas y para la época lo que yo les platicaba les parecía muy reaccionario, así que luchar por convertir al PSUM en el PSOE, sólo me desviaría de la meta principal que era derrocar al PRI, así que deseché la idea. En ese momento, el PAN era mucho más cercano a lo que yo creía(y ahora se que la política esta hecha de estructuras y coyunturas y no de grandes principios doctrinales que se vuelven una gran hipocresía), no había que luchar para convencerlos de mi oposición al estatísmo, ni de la dictadura del Fidel Castro, además coincidía con los ejes principales de su doctrina, la dignidad de la persona, el bien común, la visión solidaria del Estado, etcétera, quizás no eran todo lo liberales que yo quería, pero eran menos dogmáticos que la mayoría de los militantes del PSUM y me percate de que sería más fácil imitar a Felipe Gonzáles desde el PAN que desde el PSUM, por su puesto que desde el PAN se podría luchar por la justicia, pensaba yo, así que decidía afiliarme al PAN.

Finalmente, volví a las oficinas del PAN en la Colonia del Valle, nada más que con más valor que la vez pasada y dispuesto a aguantar la actitud de ¡has de ser espía de Gobernación! Estaban igual de desoladas que la vez anterior, pero un buen amigo mío, que era hijo de un ex presidente del PAN; Abel Vicencio, estaba en una oficina, por cierto muy grande, con sólo una mesa y una computadora de esas que tenían las letras amarillas con el fondo negro, trabajando en esa computadora, su trabajo era copiar todos los artículos que salieran del PAN en revistas internacionales – que no deben haber sido muchos – me preguntó que hacía por ahí y le dije que quería afiliarme al PAN, entonces abrió otro archivo me preguntó mi nombre completo y me dijo que ya estaba afiliado, me dio la dirección del comité distrital que me tocaba en mi colonia y luego siendo un panista de pleno derecho me regresé a mi casa.



El Pueblo de Estados Unidos vs Ruben Rocha Moya Et. Al.

  Por Bernardo León “En todo proceso penal, las personas señaladas tienen derecho […] a que la acusación en su contra sea formulada por un g...